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Impactos y dimensiones del Turismo

Impactos y dimensiones del Turismo

Patricia Núñez Martínez

Stella Maris Arniz Burne

2010, UNIVERSIDAD DEGUADALAJARA

Centro Universitario de la Costa

ISBN 978-607-450-229-9

 

El prologar un libro de este tipo, constituido por un conjunto de artículos sobre temas de turismo pero de temática distinta y desarrollados a niveles de abstracción diferentes, es una tarea que podemos calificar al menos como ardua. Por esta razón parece conveniente hacer sólo algunos comentarios sobre las ideas más recurrentes del texto, sin entrar en los casos concretos que se describen por ignorar a fondo esas realidades, por otra parte siempre complejas.

Ya pocos dejan de reconocer la necesidad de hacer aproximaciones pluridisciplinares del turismo. Es cierto que la especialización es una necesidad, no una virtud, pero en el caso de la actividad turística esa necesidades sumamente perniciosa, especialmente cuando lo que deseamos no es sólo comprenderla, sino intervenir sobre ella. El desmembramiento de las ciencias sociales a partir del racionalismo que la ilustración trajo consigo, ha dado innegables resultados para el desarrollo de la sociedad occidental. Sin embargo, el turismo por su propia complejidad, sólo puede encontrar una explicación útil para la ciencia social, desde un tratamiento conjunto de varias disciplinas científicas. Es evidente que la economía, por su valor explicativo de los hechos sociales, es una de ellas, incluso la principal. Pero esta visión parcial nos llevaría a notorios errores de comprensión y de intervención sobre la realidad turística. Así la variable territorial, representada principalmente por la geografía y por el urbanismo, es inseparable de la turística, tanto desde la perspectiva de la oferta (espacio residencia, espacio urbe y espacio infraestructura) como de la demanda (espacio motivación) y su importancia está muy relacionada con su propia morfología y su fragilidad ante la acción entrópica. Todas las interpretaciones, políticas y planes turísticos que han ignorado los aspectos territoriales que lo envuelven, han resultado solemnes fracasos. Otro aspecto íntimamente unido al territorio como es el medio ambiente también ha de estar presente en el análisis turístico y no como una limitación, como muchos lo consideran, sino como un elemento más integrado al sistema turístico de cuya correcta inserción pueden derivarse sinergias para ambas partes. No termina aquí el tratamiento multidisciplinar de la actividad turística, la sociología, o, mejor, la psicosociología, es necesaria para poder entender ciertos comportamientos, individuales y de grupo ante el turismo (homus lúdicus), el derecho, tan necesario en la regulación de una actividad emergente, y, como no, la antropología social, con su premura en el tratamiento de este fenómeno y a pesar de su esterilidad para proporcionar muchas veces respuestas generales y soluciones a sus problemas, también ha de ser considerada como un aporte valioso para el estudio del turismo.

Como siempre, el problema radica en encontrar técnicas de análisis que permitan resolver el problema que nos plantea la interdisciplinariedad, y que puedan conducirnos a metodologías más fértiles de las que hasta ahora hemos venido usando los interesados en este fenómeno, tan característico de nuestro tiempo, desde las diferentes disciplinas citadas.

Otra variable fundamental a tener en cuenta en la actividad turística es el elevado grado de transversalidad que presenta, entendiendo como tal la inclusión dentro de la misma y, por ende, de las políticas que deben desarrollarse para su mejora, de aspectos y agentes que no entran en el campo de dominio turístico, entendiendo como tal el que corresponde a las diferentes administraciones con competencias sobre las actividades de naturaleza turística (alojamiento, restauración, transporte, intermediación y promoción). Aunque el concepto presente cierta simetría con la pluridisciplinariedad antes comentada, no es lo mismo. El primero opera en el campo de la ciencia, el segundo en el de la realidad jurídica e institucional en que la sociedad se constituye.

Hoy día uno de los factores claves de la competitividad de los productos y destinos turísticos es la forma y calidad de su gestión. Queda claro que una gestión turística reducida al campo de las actividades de naturaleza turística (sector turístico para los economistas) está condenada al fracaso.

Para comprender, planificar y desarrollar políticas turísticas es preciso partir de un criterio de delimitación más amplio, contemplando de un lado, todo lo que el turista demanda como tal y, de otro, la oferta, que incluye también un componente decisivo de convencimiento y apuesta social. No debemos de olvidar que un destino turístico es ante todo, un acto de voluntad colectiva de un grupo social organizado.

A pesar de las dificultades que el estudio del turismo presenta, en los últimos treinta años, también se han conseguido avances. Ya se puede decir que tenemos un acerbo de conocimientos comunes, un “corpus conceptual y analítico” que permite el entendimiento entre los estudiosos de los diferentes campos que abordan el turismo. Este principio de acuerdo, que deberá de seguir ampliándose, augura un futuro halagüeño para el avance del conocimiento científico del turismo.

El crecimiento de la actividad turística no sólo se ha producido en “extensión” sino también en “profundidad”. Dicho de otro modo, es una actividad no sólo mayor sino más compleja y diversa, y en el mismo camino debe de caminar la orientación científica de su conocimiento. Además, está claro que el incremento cuantitativo del turismo tiene dos orígenes, el aumento de las rentas medias de los ciudadanos de los países en crecimiento, y la mejor gestión de costes, donde también incluimos las economías de escala y externas dentro de esta actividad, y los cambios en el transporte. Esto quiere decir que los aumentos de demanda se han dado, sobre todo, por el lado de las rentas medias y bajas. Los ricos siempre han hecho turismo y la elasticidad (sensibilidad) de su demanda respecto a los posibles aumentos de sus rentas es muy baja (insensible). Es por eso que el turismo, cada vez más masivo, es cada vez en mayor proporción de rentas más bajas, consecuentemente con personas de menor preparación cultural, y más propensas a caer en las redes del consumismo estandarizado del capitalismo actual.

Enlazando con lo anterior, esta doble expansión de la actividad turística nos debe llevar a hablar de diferentes “turismos”, cuya organización y contenidos son absolutamente distintos, aunque todos ellos los podamos recoger dentro del hecho vacacional y, con más propiedad, en la sociedad del ocio. Es necesario un esfuerzo de reflexión que nos lleve a una mayor claridad en el manejo y comprensión de las diferentes formas de turismo. Conceptos como autenticidad, estandarización, alienación y sostenibilidad turística, ya de por sí de difícil comprensión y consenso, se utilizan con frecuencia de un modo parcial e interesado, según posicionamientos ideológicos y doctrinales.

El crecimiento del turismo en extensión y profundidad que ha tenido en los últimos años y que parece va a seguir teniendo, lo convierte en un basto campo de estudio de una hipotética civilización del ocio, por la que el hombre y los políticos que hipotéticamente lo representan, no parecen estar en condiciones de apostar seriamente mientras sigan empeñados en un consumo infinito a costa de sí mismo y de todo lo que le rodea.

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